La arquitectura megalítica

La arquitectura megalítica

Para entender la arquitectura megalítica hay que poner en contexto la época en que se desarrolló. Esta inició en el paleolítico, el periodo durante el cual el hombre, aunque de forma burda, fabricó sus primeros instrumentos de piedra; vivía de la caza y de la recolección de vegetales, habitando alternativamente en cuevas y al aire libre. Previo a esta época, el Eolítico es el periodo más antiguo de la sociedad humana y posterior a ella, hace unos 14,000 años, el Mesolítico, conocido también como la Edad Media de la Piedra, se identifica con una cultura que se extendió por el norte de Europa, alcanzando su límite cronológico hacia el año 6,500 antes de nuestra era.

Esto dio paso al periodo Neolítico, que constituye la cuarta fase en que se ha divido la primera edad cultura de la humanidad y que abría de perdurar hasta el año 2,000 A. De C. Para los hombres europeos del periodo Neolítico las piedras eran sagradas. No por una virtud interior que poseyeran en si mismas, sino por su aspecto exterior que el aire, el sol, la lluvia y las fuerzas mismas de la tierra habían marcado con trazos que les daban forma y color. Alterar aquel resultado de los elementos era intervenir en el concierto natural del universo.



La piedra lítica

El empeño deliberado en no profanar el material es visible en todos los monumentos megalíticos, otorgándosele el reconocimiento de un carácter de santidad a la piedra, común a todas las culturas del cercano Oriente y que reaparece en el occidente de Europa. Tal es la similitud que algunos historiadores han propuesto la idea, que aún perdura, de que los fenicios podrían haber transmitido la piedad lítica o liturgia pétrea a los occidentales. Es casi seguro, sin embargo, que los hombres del Occidente tuvieran un concepto de la adoración de la piedra algo diferente de los fenicios o de otras gentes semíticas preislámicas, ya que para estos últimos la piedra era, o podría ser, el domicilio de un Baal –deidad de idolatría- que en ella se instalaba para recibir holocaustos, considerándose que en su condición rústica natural, era lo pétreo más apropiado para servir de morada a la divinidad que una madera o piedra tallada por la mano del hombre.

El Menhir de Carnac
El Menhir de Carnac

Los Menhires

Mucho se ha divagado acerca de la causa de la existencia y utilidad de los llamados menhires, del bretón “men”, piedra e “hir”, largo.  La tradición atribuye a muchos “menhires” un origen sobrenatural; en todo caso, la verdadera función religiosa de aquellas piedras clavadas en el suelo no ha sido aún dilucidada dentro del consenso histórico. Por su forma se creyó que podrían ser símbolos de deidades locales de la fertilidad, pero se encuentran repartidos en un área tan vasta de la tierra que necesariamente se deduce que deben de convenir a una idea más universal como la adoración solar.

En algunas ocasiones, los menhires están enfilados, generalmente bajo la orientación Este a Oeste no siguiendo la que indica la brújula regulada por el polo magnético, sino la del polo geográfico, consiguiéndose así la observación del sol entre las hileras de las piedras el día del solsticio de verano.  Son abundantes especialmente en la Bretaña francesa, donde los alineamientos sobre pasan los tres kilómetros de longitud, con en el caso de Carnac, Menec y Kerlescan en Morbihán.

Los Dólmenes

Otro tipo casi universal de monumentos megalíticos es del de los llamados dólmenes. Su nombre viene del bretón “dol” mesa, y “men”, piedra. Dicha etimología permite deducir que en un principio los estudiosos de estas tempranas construcciones no habían comprobado aún que aquel ordenamiento de piedras que semejan gigantescas mesas eran estructuras adinteladas que a manera de columnas y losas –usando términos actuales- habían estado recubiertas por tierra y piedras menores –túmulos- y que en ocasiones constituían verdaderas colinas artificiales al cubrirse de vegetación en su superficie, quedando así su interior formado por galerías que conducían a las cámaras de eran utilizadas para fines funerarios.

La mayoría, por no decir todos los dólmenes, fueron sepulturas bajo túmulos y hacían el mismo servicio mortuorio-monumental que las pirámides egipcias, con la diferencia de ser más antiguos y de planta circular. En los dólmenes que se han podido explorar en su original aspecto de sepulturas cubiertas se han concretado restos humanos, así como objetos de ajuar funerario, entre ellos hachas de piedra pulimentada, perlas de coral y porcelana formando collares, la mayoría pertenecientes al periodo neolítico.  Junto con los menhires, son los primeros monumentos que aparecen en Europa y se encuentran en el norte, noreste y sur de España, en Portugal, Francia e Inglaterra.

Entre los monumentos dolménicos más importantes se encuentra el Hipogeo del Romeral, cerca de Antequera, en Andalucía. Está formado por una larga galería de sección trapezoidal de la cual se pasa a través de un pasillo a la cámara funeraria.  El conjunto desaparece bajo un gran túmulo de 85 metros de diámetro por ocho de altura. No lejos de ahí, la llamada Cueva de Menga constituye quizás la tumba más impresionante de toda la prehistoria occidental siendo la más pesada construcción con un número mínimo de soportes y losas de cubierta, llegando a pesas las mayores hasta 320 toneladas con un espesor de casi dos metros, a través de 12 metros de largo por siete de ancho. Los 31 bloques del conjunto monumental alcanzan las 1,600 toneladas y su colocación exigió más técnica que los apilamientos estáticos de las construcciones de la planicie de Gizeh en Egipto.

Los Talayots

Los monumentos artísticos de Menorca pertenecen casi exclusivamente a la llamada cultura Talayótica de la Edad de Bronce. Se trata de construcciones megalíticas de notables proporciones y originalidad. Los tipos más importantes son los Talayots, torreones de forma cónica-truncada; los Taulas, enormes monumentos en forma de “T”, construidos con dos grandes lajas de piedra caliza y situadas en el centro de un círculo de pilastras, y las Navetas, edificios sepulcrales en forma de barca invertida. Los dos primeros tipos se encuentran siempre entre las ruinas de los poblados, mientras que las Navetas se han encontrado generalmente aisladas.

El menhir mayor de Locmariaquer, llamado Mener Hroeck, alcanzaba en su forma original –antes de ser destruido- 23 metros de altura y su peso se estimaba en 345 toneladas.  Para hacerlo “rodar” hasta su emplazamiento final y levantarlo mediante ingeniosos sistemas de palancas, rodillos y contrapesos, se estima que se requirió el esfuerzo equivalente a 300 bestias de carga que a su vez se calcula que corresponde a la fuerza de 2,000 hombres.

Stonehenge, Inglaterra.
Stonehenge, Inglaterra.

Stonehenge

Con las monumentales formaciones labradas de Stonehenge en Salisbury, Inglaterra, consagradas al culto solar, los megalitos pasan a un nivel constructivo superior. Erigido hacia el año 1,800 antes de nuestra era, constituye el símbolo dolménico occidental y es sin duda el santuario más impresionante que en Europa marca el descubrimiento de la arquitectura como tal, esto es, bajo un plan previo aunado al trabajo ordenado y con ciertas funciones esenciales.

Se trata de una relevante construcción geométrica cuya planta combina forma circulares y de herradura en su concepto general. Un círculo exterior de 100 metros de diámetro conforma la periferia del conjunto y está constituido por 30 soportes verticales de poco más de cuatro metros de altura, cuyo peso unitario sobrepasa las 50 toneladas, sosteniendo un número igual de pesados dinteles que unidos entre si asemejan una descomunal corona visible a gran distancia. En su interior, una formación de cinco dólmenes individuales de dos soportes y un dintel –trilitos- orienta su eje de simetría exactamente con el punto en que sale el sol el día más largo del año.

Los enormes bloques de granito fueron traídos desde Marlborough Downs a 30 kilómetros al norte del emplazamiento, siendo cuidadosamente desbastados con grandes martillos de piedra. Formaciones menores integran un círculo interior concéntrico al perimetral de 30 metros de diámetro, con rocas de color azul grisáceo transportadas desde el país de Gales.



La arquitectura de las edades de los metales

A través de las edades de los metales, el sistema edificativo habría de regir en las grandes obras clásicas; así, siguiendo el de Stonehenge –soportes y cerramiento- y del neolítico Doménico en general, fue posible concebir el gran templo de Karnak en Egipto, dedicado a Amón Ra, hacia el año 1,400 A. De C.; con las columnas de tres metros de diámetro y 20 de altura, soportando dinteles de una pieza de hasta 70 toneladas cada uno, que en conjunto cubrieron una superficie de 103 metros por 370, la mayor del mundo durante más de tres milenios.

Desde la antigüedad ha sido considerado Egipto como el antecedente cultural de todos los pueblos de la tierra. Para Diódoro de Sicilia, los primeros hombres nacieron en Egipto, a causa de la adecuada temperatura del país y las propiedades físicas del Nilo, “cuyas aguas fecundas pudieron nutrir a los primeros seres de recibieron la vida”. Herodoto, el historiador viajero, ávido como un hombre moderno de sensaciones arqueológicas, regresó a Grecia de viaje a Egipto, en el siglo V antes de nuestra era, vivamente sugestionado con la misma idea de su antigüedad, creyendo ver en aquellos dioses el origen del panteón helénico.

La arquitectura megalítica, Egipto y Grecia

Hasta principios del siglo XX, los monumentos más antiguos que se conocían en Egipto eran las pirámides, contemporáneas de la cuarta dinastía a 3,000 años antes de nuestra era; tan convencidos estaban los arqueólogos de que no había nada anterior que se negó rotundamente una posible edad de piedra en el valle. Sin embargo, los prehistoriadores atribuyen al hecho de que el sílex o pedernal haya ocupado tan relevante papel en la vida del pueblo egipcio el que haya existido un tiempo en que la piedra era el material único.

Las prácticas sagradas de momificación y cirugía en que principalmente se usaba denotan el ámbito funerario donde generalmente se perpetúan los recuerdos tradicionales de la antigüedad y de un pasado, en este caso prehistórico, aún en medio de los mayores progresos y transformaciones.  Mientras que en el resto del mundo antiguo sólo se podían fijar las edad neolíticas por el estudio geológico de las capas de terreno superpuestas, el país fecundado por el Nilo estaba destinado a ser el punto de enlace entre la prehistoria y los tiempos históricamente datados, lo que nos indica también que antes del tiempo de las pirámides, o sea, entre cuatro y cinco mil años antes de la era cristiana, el hombre mediterráneo estaba suficientemente preparado para emprender la conquista de una civilización superior.

El Parthenón, Grecia.
El Parthenón, Grecia.

Aquel pueblo había llegado a producir un estilo monumental de gran perfección, con ideas constructivas propias, siguiendo el sistema heredado de aquellos primitivos habitantes, que luego habría de alcanzar su punto culminante en Grecia, con el Partenón de la Acrópolis ateniense (438 A. De C.), con columnas labradas en secciones sujetas mediante clavijas de hierro –construcción modular-, demostrándose asimismo un admirable dominio del arte de suscitar ilusiones ópticas siguiendo un cuidadoso diseño estético.

Con la invención del hormigón armado, la versátil “piedra artificial”, las limitaciones del adintelado –de no poder cubrir grandes vanos- fueron subsanadas, pudiéndose aplicar en contemporáneas construcciones “megalíticas” como amplios puentes y altos edificios rascacielos con un mínimo de soportes verticales. Así, desde el punto de vista estrictamente constructivo, los grandes conjuntos dolménicos, al margen de cualquier misteriosa connotación mística o religiosa, han aportado el principio estructural básico del adintelado, sin duda el de mayor aplicación en la historia de la arquitectura a través de los milenios, a partir del Neolítico hasta nuestros días.

 

Arq. Raúl Alcalá
Arq. Raúl Alcalá

Texto cortesía de Arq. Raúl Alcalá Erosa.
Publicado originalmente en 1994 en El Diario de Yucatán.
raulae@gmail.com